El valle del Cocora, el ciclo del café y la magia de Salento

Como siempre intentamos evitar las grandes ciudades en nuestros viajes, pasamos por alto Cali y
rumbeamos directamente para Salento. Llegamos casi sin escala desde Popayán, y digo casi sin escala
por que obligadamente tuvimos que parar en Armenia y cambiar de bus para por fin llegar a destino.
No puedo decir mucho de Salento que no hayan leído en mil sitios de viajes mas. Es un bonito, pequeño y
turístico pueblo ubicado en la zona cafetera de Colombia… Y si, es tan lindo como todas las fotos lo
muestran. Su atractivo principal es ser el punto de partida elegido por la gran mayoría de los viajeros para
visitar en Valle del Cocora, seguro alguna vez vieron la foto de las palmas de cera que parecen no tener
fin, bueno, eso es el famoso valle ubicado en el departamento del Quindío. Desde la plaza principal hay
varias camionetas que salen a cada hora rumbo al Parque Nacional Natural los Nevados, donde se
encuentra ubicado el famoso Valle. En esa misma plaza, algunos fines de semana pueden disfrutar de una
gran variedad de comidas típicas de la región que realmente merecen la pena.

Nosotros nos quedamos en el Hostal Las Camelias y realmente lo recomendamos, esta un poco lejos de la
terminal de bus (7 cuadras) pero tiene un buen precio, buen servicio y unas vistas increíbles.
El primer día lo dedicamos a descansar y a recorrer el pueblo que es ideal para comprar artesanías típicas
de la zona y pasear por sus pequeñas callecitas. Además ahí mismo, hay un mirador al que se puede subir
sin mayor dificultad y que nos regala unas vistas panorámicas de todo el lugar.
Para ir al Valle del Cocora les recomendamos dedicarle un día entero, nosotros salimos de la plaza de
Salento bien temprano por la mañana luego de comprar en el supermercado algunas provisiones para la
travesía. Todas las camionetas cobran el mismo precio y salen cuando completan todos los lugares, un
dato importante si son de aquellos que prefieren la comodidad y no arriesgarse, es que a los últimos dos o
tres pasajeros les toca viajar, como diríamos en Argentina, colgados.

Llegar hasta la entrada del parque toma alrededor de veinte minutos, una vez allí verán mucha gente que
va a hacer el mismo recorrido que ustedes pero muchos que no. Hay que tener en cuenta que ese es el
punto de partida para varios senderos, seguramente escucharon hablar que hay dos formas de llegar al
Valle, una corta (recorrido ida y vuelta de unas 2 horas) y otra larga (un sendero que primero cruza buena
parte de la selva y luego termina en el Valle). Nosotros habíamos leído lo mismo y la verdad es que al
llegar ahí tomamos un camino, que luego nos dimos cuenta, no era ninguna de las dos opciones que
habíamos investigado jaja.
Cuando empezamos a caminar seguimos una pista grande sin desviarnos en ningún momento, que luego
de cruzar un puente colgante de madera se transformo en un sendero que iba bordeando un río, ese
sendero luego comenzó a subir, a subir a subir y así siguió como por unas tres horas. Sabíamos que no
estábamos perdidos porque pedimos indicaciones a un grupo que regresaba de un treking de varios días a
los Nevados, pero tampoco estábamos en la ruta digamos “señalada”.
Y como todos sabemos en estas situaciones, no queda mas opción que seguir y seguir y seguir. Bastante
cansados llegamos a lo que sería la cima del cerro que estábamos subiendo y notamos que el camino
empezaba a bajar (buena señal) así que bajando seguimos hasta que por fin allá a lo lejos y abajo
divisamos las grandes palmas de cera que le dan vida a este Valle.

Caminamos un buen rato más, paramos a comer, sacamos unas fotos y seguimos camino. Tengo que decir
que no sé como, pero salimos otra vez a la gran pista de tierra que conduce a la entrada del parque.
Después hablando con la gente, entendimos que no habíamos tomado la ruta principal ya que en ningún
momento tuvimos que pagar ningún acceso al parque, así que técnicamente este paseito se puede hacer
gratis jaja.
Al día siguiente decidimos hacer una visita a una de las tantas haciendas cafeteras que hay en la zona.
Nosotros fuimos y volvimos caminando desde el hostel, 30 minutos de ida y 30 de vuelta, no más
(también hay camionetas que los llevan desde la plaza central del pueblo). La experiencia realmente
resultó más interesante de lo que imaginábamos, no sólo aprendimos el ciclo del café, desde que se planta
hasta que llega a tu mesa, sino que además al final del tour pudimos degustar una taza y la verdad que es
muy distinto de lo que habíamos conocido hasta el momento como café. Aroma, sabor, textura, todo es
diferente cuando la producción es orgánica y artesanal. Así que con un buen sabor de boca (nunca mejor
dicho) emprendimos el camino de regreso con estas preciosas vistas.

Luego de cuatro días dejamos atrás este pequeño pueblito del eje cafetero colombiano con ganas de
volver, sin duda es un lugar increíble para quienes disfrutan tanto de la aventura como del relax, es que
aquí, hay para todos los gustos, no me creen? Aquí les dejo algunas fotos 😉

Salento, Cocora Y Café

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