TUCUMAN: INICIO DE LA AVENTURA

TUCUMAN: INICIO DE LA AVENTURA

Se puede decir que se planea, que se elije, que se traza una ruta, un recorrido. Se puede decir eso, pero también se puede decir que el destino te marca, que el camino te lleva, te empuja o te dirije  de una u otra forma. Comenzar el viaje en Tucumán fue un poco casualidad y un poco de ganas también.

Como les contamos, llegamos al Jardín de la República luego de un largo viaje en tren, 30 horas para ser exactos, cansados, pero felices de haber arrancado y con la doble alegría que mi gran amigo Lucas nos esperaba para recibirnos y guiarnos un poco por la ciudad. Luego de un merecido descanso, Lucas nos pasó a buscar por el hostel para llevarnos a “conocer un poco la ciudad”. Conociéndolo no esperaba un city tour clásico, de esos que cualquier turista puede hacer con apenas un mapita del casco histórico de la ciudad y claro que tenía razón. Pasamos a buscar a dos de sus amigos y comenzamos un recorrido por los “territorios de la parroquia” como el lo llama. Diez parroquias para ser exactos de las que tratamos de memorizar los nombres aunque fue un poco en vano jaja.

Para los que no lo conocen Lucas, mi amigo del alma Lucas, es una de las mejores personas que conozco. No porque sea mi amigo o por lo bueno que yo creo que el sea sino porque está a la vista, no creo que haya una persona que lo haya conocido y no hable maravillas de él. Diácono, futuro sacerdote, pero primero que nada una gran persona que siempre esta ahí cuando lo necesitas, no sólo para mi, sino para todos. El responsable que de una u otra forma esta agnóstica no militante, vaya a misa, presencie bautismos, comuniones, confirmaciones y demás ritos de la iglesia católica que siempre observó con tanta distancia.

El caso es que Lucas nos llevó a conocer una parte de la ciudad que permanece oculta al ojo de cualquier turista. Mal llamadas villas, barrios humildes en realidad, donde la realidad se presenta cruda y fuerte en la sonrisa de cada pibe descalzo, en la generosidad de cada persona que comparte algo, lo que sea, y en cada hueco donde se alza, de forma humilde, una capilla. La presencia se nota y se nota importante, útil, necesaria. Pero no es sólo las cuatro paredes que ofician de estructura de esas capillitas; es la gente, las personas que conforman esa comunidad.

En el recorrido no sólo vimos barrios, capillas y parroquias, en el recorrido también pudimos ver de cerca un grupo de jóvenes que activan, que tienen proyectos, propuestas, que trabajan hasta tarde sin esperar nada a cambio y lo hacen con una sonrisa. Un grupo de pibes que lejos de ser esa “juventud perdida” están comprometidos con un cambio. En nombre de una idea, una religión o una cierta afición política, da igual para el caso, se activa, se compromete y los resultados están a la vista.
Así que el recorrido del primer día fue agotador, mezclamos cemento, lijamos mesas, caballetes y pintamos también a la par de los demás, nos fuimos a dormir contentos, sabiendo que por más pequeño que sea el granito de arena fue un granito más de algo muy grande. Entonces es cierto, se puede viajar de mil formas, conocer muchas cosas, pocas o casi ninguna, todo depende de nosotros, de lo que estemos dispuestos a dar y abiertos a recibir. Ojalá sea el principio de un gran recorrido lleno de gente y lleno de historias por compartir. Ojalá!

 

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