¿Qué mierda es el downshifting?

por | Abr 2, 2018

La vida en la gran ciudad se ha vuelto un caos, eso no es nada nuevo. El tiempo medido, cronometrado y justo para llegar a todos los lugares donde debemos estar, donde se espera que estemos. Trafico, ruido, stress,  contaminación, consumismo exacerbado, competencia feroz. Tiempos de entrega, plazos y fechas que nos acechan como los mejores monstruos de nuestra infancia; frente a esta realidad cada vez son mas los que eligen el downshifting como forma de vida.

Primeros bancales y primeros plantines a la vista

Es que el ritmo de las grandes ciudades se volvió inaguantable, esa carrera por llegar, por estar, por ser se convirtió sin que nos diéramos cuenta en una carrera perdida de antemano. El precio que pagamos por vivir y pertenecer es muy alto a esta gran sociedad de masas. La comida rápida, las relaciones touch and go, el dinero rápido, las vacaciones fugaces que te dejan mas cansado que antes, eso, todo eso, te esta matando de a poco.

Pero un día te das cuenta y entonces decidís dejar ese trabajo de diez horas que prometía ser la puerta del éxito, abandonar el master virtual que comenzaste a estudiar o las clases de cocina vegana que empezaste hace dos semanas porque necesitabas tiempo para vos, para relajarte y se terminaron convirtiendo en una obligación mas, en un nuevo motivo para correr, para no llegar.
Muchas veces ese parar la mano, esa bajada de cambio termina siendo una decisión algo forzada, la ultima opción ante una situación limite. Nos detectan alguna enfermedad, la muerte de un ser querido, el nacimiento de un hijo, la perdida repentina de ese trabajo que creíamos soñado… Es ahí cuando ese amigo de toda la vida nos cuenta que vendió todo y se compró un terreno con huerta en las afueras de la ciudad, o la vecina nos dice que va a dejar la oficina y se va a poner a dar clases de yoga que fue siempre su pasión o tu hermano, el empresario de la familia, el que tenía un buen trabajo, un buen piso, un buen coche, un día en un almuerzo familiar te cuenta que deja todo, que se va de mochilero por Sudamérica y que no sabe cuando vuelve.
¿Que está pasando? ¿El mundo se está volviendo hippie? (diría mi querida madre) Pues no, según San Wikipedia esto no es nada nuevo. El downshifting o Reducción de marcha, es un comportamiento social o tendencia en la que los individuos viven vidas más simples para escapar del materialismo obsesivo y reducir la tensión, el estrés y los trastornos psicológicos que la acompañan.

Son muchos los jóvenes, profesionales, trabajadores, que sienten que en algún momento algo se les fue de las manos, que la formula del éxito y la felicidad no está dando el resultado que esperaban. ¿Pero cómo encontrar el equilibrio? ¿Cómo lograr ese cambio que tanto deseamos? Si bien es cierto que decirlo es mucho mas fácil que hacerlo, conectar con nosotros mismos para llevar una vida mas consciente no debería sonar a una frase de coaching ontológico barato. El costo que pagamos por ignorar las señales que nos da nuestro cuerpo, a veces es muy alto.

La alegría de sembrar para el futuro. Arbol de pomelo rosado

¿Pero por qué en estos tiempos que corren nos parece tan difícil vivir una vida mas lenta, mas conectada, mas consciente? Hace apenas dos o tres generaciones la vida estaba mucho mas ligada a la tierra, a los ciclos de la naturaleza, a nuestros propios ciclos internos como humanos que somos. Pero claro, algo cambió. El futuro, el trabajo, el progreso estaba en las ciudades y hacia allá fuimos a vivir mas cerca unos de otros (mas cerca?) con internet de última generación para estar mas conectados, con autopistas mas grandes para llegar mas rápido y con fast food para perder menos tiempo en algo tan insignificante como alimentarnos.

Pero algo está ocurriendo, hoy somos cada vez mas los que decimos basta y decidimos vivir mas lento, comer mas lento, viajar mas lento. Y no, eso no significa que estemos adormecidos, que no nos importe nada o seamos de la  generación  Ni/Ni que no quieren trabajar o estudiar. Esa oda al trabajo que tanto encantó a la generación de nuestros padres y abuelos, esa idea del trabajo como una forma de volvernos dignos, buenas personas, obedientes ya no es válida cuando nos volvemos conscientes de que de lo único que somos dueños en esta vida es de nuestro tiempo. Cuando elegimos qué hacer con el, cómo gastarlo, a quién regalárselo o a quién vendérselo y a qué precio, es cuando nos hacemos responsables de nuestro propio destino y en ese mismo acto nos dignificamos como personas.

Luego de un día de trabajo, una gran puesta de sol de regalo!

Pero ¿Qué nos habrán prometido e incumplido las grandes ciudades? ¿Qué será que nos expulsa constantemente a nosotros, hijos de tu generación preferida? Nuestros padres vieron en la gran urbe el futuro, el sitio para anidar y criar, pero algo se perdió en el camino, algo no funcionó. ¿Dónde fue que perdimos la conexión con la tierra? ¿Bajo qué moderna construcción enterramos la sabiduría de nuestros ancestros? Ese conocimiento que no tiene lugar en la vorágine de la gran ciudad, esas cosas que no  sirven, que no le son útiles al gran sistema del Capital. Pero por algo tus hijos vuelven tanto y tantos a la tierra, al campo. Se asientan cerca de ríos, mares, montañas y se “desconectan”.  Cuando Miller escribió en el prologo (1946) al texto ya clásico de Thoreau Del deber de la desobediencia civil señaló que “los hombres sabios vuelven siempre a la tierra, nos basta con pensar en los grandes hombres de la India, China y Francia, en sus poetas, en sus sabios, en sus artistas, para comprender cuan profunda es esta necesidad en el ser humano”.
Entonces cuando pensamos en esos jóvenes que después de tantos privilegios y años y años de educación formal, de buena educación formal y universidades y mundo se van a vivir con “poco”, tenemos que entender que no se trata de ninguna nueva moda. Ellos que eligen la tierra, la huerta, los animales y los pueblos donde la tranquilidad se privilegia, eligen otra infancia para sus hijos, como vos alguna vez la elegiste para los tuyos, siempre buscando lo mejor.

Serán los ciclos naturales de las generaciones y generaciones de humanos nómades y sedentarios que somos. Será el agotamiento de un modelo que tenía fecha de caducidad. Será que no sabemos que será pero felices estamos de volver a correr en el monte, de escuchar los pájaros y no las motos, de preferir la simpleza de ver crecer tu propia comida, aprender a prescindir de la conexión a internet y ver como de a poco re aparece la conexión original que nunca debimos perder.
La tierra nos llama, una y otra vez.
Hasta que respondemos.

Si quieres saber más sobre este movimiento, te recomendamos que leas este post sobre Slow Food del blog ECOTUMISMO  y si quieres empezar pero no sabes por dónde, aquí te explicamos cómo hacer un voluntariado con la plataforma Woofing en Tenerife

Saludos viajeros!

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