PERSIGUIENDO EL NORTE, CRUZANDO FRONTERAS

PERSIGUIENDO EL NORTE, CRUZANDO FRONTERAS

Entonces la siguiente parada fue Tilcara, la siempre bella Tilcara. Llegar no fue fácil; bondi a las 5 am de Cafayate a Salta y de ahí bondi a Tilcara parando en todas, obvio. Tardamos unas ocho horas pero llegamos justo antes que cayeran las primeras gotas de una tormenta pasajera pero tormenta al fin. Hace un tiempo me di cuenta que muchos criterios cambian cuando uno está de viaje. El concepto de cerca/ lejos, la idea de muchas/pocas horas de viaje, la relación caro/barato y por sobre todas las cosas, la dicotomía limpio/ sucio jaja, sin duda.

Entonces Tilcara con sus 2400 msnm y sus cerros de colores nos recibe con lluvia que alivia el calor, así que felices. Caminamos un poco buscando hostels hasta que por fin dimos con uno, dejamos las cosas fuimos a comprar algo para cenar y muertos a dormir a eso de las 21.30 hs, si tan temprano, pero lógico ya que habíamos arrancado a las 4 am en Cafayate. La noche fue de lucha, si, lucha Vs los mosquitos que se empecinaban en no dejarnos dormir. Así que la mañana siguiente luego de un buen desayuno partimos rumbo a Purmamarca, el pueblo de los cerros de colores más lindos que alguna vez haya visto. Qué decir de Purma que no sepamos todos? Nada, pero nuestros ojos y nuestras cámaras no paraban de tomar instantáneas de esos     paisajes increíbles.

De vuelta ya en Tilcara, preparamos todo para el día siguiente, para el próximo destino. Ahí nomás sobre la marcha decidimos que si bien hay muchos paisajes increíbles en el camino no deberíamos hacer muchas más paradas, había que seguir la brújula que como siempre marcaba el norte; entonces elegimos el destino: La Quiaca.

Salimos al mediodía y a las 15hs más o menos ya estábamos a 5121Km de Usuahia, en el extremo norte del país, donde entendimos que las fronteras no son más que líneas imaginarias que dividen a las personas. Claro, ya en la Quiaca se puede ver que la bandera argentina flamea de un lado mientras que la boliviana del otro, sin embargo la gente va y viene cruzando la frontera sin mucha más vuelta, para comprar, para vender, para ir al colegio, para lo que sea.

Entonces cambian los nombres de las cosas, la moneda, la bandera pero no mucho más. Las caras, las formas de hablar y demás cosas permanecen intactas. No estoy diciendo que Argentina sea Bolivia ni viceversa, lo que quiero decir es que los pueblos que hacen las veces de frontera, que por alguna razón son el límite entre un país y otro tienen algo particular. Por un lado son un bastión de resistencia patriótica donde las banderas flamean más que en otro sitio, como marcando territorio, pero que a su vez, al ser un lugar de paso, se vuelven una mixtura de colores, de sabores, de acentos, de muchas cosas que le dan a esos pueblos un brillo particular. Entonces La Quiaca, aunque no es un lugar super turístico nos recibió muy bien.

El hostel (Copacabana Hostel) estaba bueno, pagamos 200 pesos por una habitación doble que estaba bien y con desayuno incluido. Además ese hostel te ofrece los pasajes de tren desde Villazón a donde quiera que vayas, esto te evita tener que cruzar la frontera para comprar los pasajes y volver (es decir hacer migraciones dos veces, algo bastante engorroso). El costo por el servicio fueron solo 25 pesos más sobre el valor del pasaje, así que eso fue lo que hicimos para ahorrarnos el trámite. Ese mismo día en el hostel conocimos a un pibe, un argentino que había llegado hacía unos días a la Quiaca y estaba varado ahí esperando que le manden dinero desde Buenos Aires. Cuento esto para que quienes estén por cruzar la frontera estén atentos. Él, según nos contó había llegado a la quiaca a la madrugada y como ningún hostel le abrió la puerta se mandó a cruzar la frontera solo a esa hora, en el camino se encontró a un hombre que le dice que crucen juntos que es más seguro de esa forma y lo lleva por un costado del puesto de migraciones (si de día es difícil saber porque lado hay que hacer migraciones, imaginensé de noche), cuestión que apenas hacen dos pasos una linterna los ilumina y le da la orden de alto. La historia termina con el pibe en una oficina pequeña donde después de muchas preguntas le revisan el equipaje y le roban el dinero y la computadora sin que se diera cuenta.  Me detengo en esto porque no es cuestión de andar hablando sin saber de la peligrosidad o no que tiene la frontera, hay que estar atentos y punto, como en cualquier lado y saber que esto nos puede pasar a cualquiera, por eso siempre es mejor ir de día y si es posible de a dos o tres personas para mayor seguridad.

Finalmente luego de hacer migraciones cruzamos la frontera y ya estamos en Bolivia. Las mochilas, las cuadras largas de Villazón en subida y la altura no son una buena combinación, fueron doce cuadras pero para mi fueron eternas. Entonces llegar a la estación, dejar las mochilas en la bodega de equipaje y ahora si, vamos a buscar una casa de cambio.  Una vez resuelto el tema, ya estábamos listos para partir. Llegamos con el tiempo justo para subir al tren y a rodar se ha dicho.

Son las 15.30 (hora boliviana) y el tren sale puntual. Con calor, algo cansados pero felices de rodar otra vez, de hacer más kilómetros, de ir en busca de nuevos paisajes, de nuevas costumbres y nuevas culturas que nos asombren y nos hagan abrir la cabeza. Son muchas las emociones que se mezclan al cruzar una frontera, subirse a un tren o un bus. Es avanzar, es moverse, es dejarse sorprender por lo que el camino provea. Cambiar, cambiar es bueno, así que allí vamos al encuentro de una nueva aventura!

 

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