Mas de 10 razones para visitar Capurganá

A las 6 de la mañana ya estábamos arriba y desayunando café, arepa y huevo. Creo que hay pocas cosas más colombianas que este desayuno tan típico y tan rico. Mientras terminamos de preparar las mochilas para ir rumbo al puerto de Necoclí desde donde salen las lanchas hacia Capurganá y donde nos íbamos a encontrar con Juan, la lluvia vuelve a hacer su aparición furiosa en el cielo. Son apenas 20 minutos que dura el diluvio pero lo suficiente para mojarnos de pies a cabeza; No nos sorprende ya que septiembre suele ser un mes muy lluvioso en la zona.

Apenas llegamos a puerto y un poco apurados nos encontramos con Juan quien nos anuncia que la lancha se retrasa y recién saldrá cuando la tormenta haya pasado, si es que esto ocurre. Esa tormenta que estaba disipándose en tierra, se había convertido en nubes negras y densas sobre el Golfo de Urabá donde el Río Atrato se encuentra finalmente con el Mar Caribe.

Una hora después de lo previsto la lancha parte rumbo a Capurganá, vamos llenos, no cabe un alfiler. Una de las primeras paradas es Triganá y pocos pasajeros bajan, la gran mayoría seguimos nuestro rumbo. Esta primer parada fue el primer contacto visual que tuvimos con la región del Chocó y a simple vista ya nos había enamorado.

 

La llegada a Capurganá fue un alivio, salió el sol y la lluvia  dejó en el aire una fresco que se agradece, bueno, todo lo fresco que puede ser un lugar con un clima intertropical lluvioso. El Chocó, junto con el área de Cherrapunji, en el noreste de la India, es la zona de más alta pluviosidad en todo el planeta con más de 9.000 mm de precipitaciones anuales y una temperatura promedio de 27 Cº. Paula, que fue una de nuestras grandes anfitrionas en este viaje, nos guía en el camino hasta su pequeño y coqueto Hostel Pirata Express Con un buen precio y un servicio súper completo, este sitio fue nuestra casa durante toda la estadía.

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En Capurganá todo está cerca, quiero decir, el pueblo si bien es muy turístico es bastante pequeño y a absolutamente todos lados se llega andando. Es más, son muy pocos los vehículos a motor que allí hay, la mayoría de la gente se desplaza a pie o en bicicleta. Salimos a recorrer el pueblo y la verdad no nos fue muy difícil encontrar un sitio para comer, la mayoría están a la vista y si bien no hay demasiada variedad, la comida es súper fresca y local. Ya por la tarde y esperando la caída del sol, caminamos hasta la playa donde despedimos el día con unas merecidas cervezas frías luego de todo el trayecto realizado.

 

El despertador de la mañana siguiente fue el típico de Capurganá, una lluvia torrencial que golpeaba muy fuerte sobre el techo de chapa del hostal hizo que nos pusiéramos de pie de inmediato. Cuando descubrimos que la oscuridad se había apoderado de la mañana y que salir no era una opción viable, hicimos café y nos resguardamos a observar tremenda demostración de fuerza de la madre natura.

 

Ya entrado el mediodía la calma retornaba al pueblo y el sol volvía a hacer su aparición elevando la sensación de humedad en un 500% o al menos eso nos pareció a nosotros. Compramos pescado frente al hostal donde la cofradía de pescadores locales venden a un muy buen precio pescado super fresco, improvisamos un arroz y unos patacones y con la panza llena y el corazón contento salimos del hostel rumbo a La Coquerita.

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Sin saber muy bien hacía donde íbamos, seguimos un sendero que estaba marcado e indicaba que llegaríamos a destino en una hora. El pequeño camino que discurre pegado a la costa está rodeado de una vegetación exuberante, las vistas son increíbles y hasta tuvimos la suerte de ver uno de estos amiguitos

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Visitamos la Reserva de la Coquerita en septiembre, un mes donde el mar caribe se encuentra muy calmo, razón por la cual la que llaman piscina de los dioses no se encontraba en su mejor momento ( ya que las fuertes olas son las que la llenan de agua de mar). El lugar es estructuralmente muy bonito, se nota el trabajo artesanal que hay en cada rincón, pero se ve que nosotros llegamos en el momento equivocado. El lugar estaba bastante descuidado y no se parecía mucho a las fotos que habíamos visto, tomadas claramente en temporada alta. Aun así nos dimos un baño refrescante en una de sus piscinas naturales, descansamos un poco y emprendimos el camino de vuelta hacia Capurganá.

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Luego de una buena ducha y con el sol ya despidiéndose por el horizonte, fuimos a por una cerveza al Bar Macondo, ubicado a pocos metros del hotel. Allí pudimos disfrutar de una linda postal del atardecer mientras nos tomábamos una cerveza y dábamos señales de vida a través de internet. La conexión a internet en Capurganá es muy limitada, por eso una buena opción puede ser ir a un bar y a cambio de una consumición poder usar un rato internet. La velocidad es muy baja, así que un consejo es que todo lo que puedan hacer offline, lo hagan y una vez allí con internet solo queda subir o publicar el trabajo (sobre todo para aquellos que trabajamos con internet).

Al ser un pueblo tan pequeño, las provisiones a veces escasean o son muy básicas. Si hay algo que necesitas especialmente algún tipo de comida, medicamentos o lo que sea siempre conviene ir preparado y traerlo contigo. Un detalle no menor, en el pueblo no hay cajeros automáticos (ATM) por lo que deberás llevar contigo todo el efectivo que necesites. Si bien hay  lugares donde cambian dólares a pesos colombianos el cambio lógicamente es muy poco favorable. Pero hecha le ley hecha la trampa, hay un sitio que ahora no recuerdo el nombre (preguntando se llega a Roma) que al tener un datáfono te permiten hacer una “compra” por el dinero que quisieras extraer de tu cuenta y ellos te lo daban, a cambio de una comisión, en efectivo.

Capurganá es muy bonita realmente, nosotros la visitamos fuera de temporada en septiembre y si bien sufrimos las inclemencias del tiempo, no fue grave ni nos impidió realizar ninguna actividad. Si nuestro viaje por Colombia hubiera finalizado allí, hubiéramos dicho que fue uno de los sitios que más me gustó y una de las mejores playas sin duda, pero, a decir verdad, aun nos quedaban otros tesoros más por descubrir en el mar caribe colombiano.

Ah, por cierto, las (mas de)10 razones para visitar Capurganá estaban ocultas en este post, si no las has encontrado aun, puedes volver a leerlo 🙂

 

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