La imagen y las mil palabras

 

Ella es Erminda, Erminda tenía 59  años al momento de la foto. Nosotros veníamos de un viaje largo, 10 horas en un bus low cost, (como gusta tanto decirle ahora a los que toda la vida llamamos “bondis truchos”) y habíamos dormido pocas horas en los últimos días.

Mientras Rayco cambiaba los pocos dolares que teníamos en efectivo para poder comprar algo que desayunar yo los vi  venir de lejos. Eran tres pibes, el mas pequeño no tendría mas de 11 o 12 años, tres adolescentes de cualquier país latinoamericano. Cuando lo veo a Rayco venir entre la gente también lo ven ellos, luego lo volví a perder entre la multitud. Y luego lo vuelvo a ver, Rayco viene caminando hacia donde estoy sentada, los chicos mientras tanto salen corriendo entre risas, creo que él ni los vio.

 

  • Que vamos a desayunar? me dice,
  • Pudiste cambiar? le retruco
  • Si, me dice y se lleva la mano al bolsillo de la campera donde debía estar el dinero, y claro, no estaba.

Pasamos el mal trago como podemos, mas resignación que otra cosa. Lo peor de todo era que íbamos a pasar hambre un buen rato hasta que podamos solucionar un tema con las tarjetas. Yo imagino que deberíamos tener unas caras de película porque ella nos vio de lejos y nos llamó con la mano, nos hizo señas para que nos acercáramos. Acostumbrada a que siempre que te llaman así, quieren venderte algo, le dije que no con la cabeza y corrí la mirada, ella insistió así que después de un rato nos levantamos y fuimos hasta donde estaba.

Nos preguntó si nos habían robado, nos preguntó sabiendo la respuesta porque había visto todo. Sin decir otra palabra se puso de pie y comenzó a servir dos platos con una sopa rara, un pedazo de pan y calentó café. Su puesto de comida en el mercado era eso, sopa rara, pan y café; así que podríamos decir que nos ofreció todo lo que tenía. Sonreímos y aceptamos la generosidad de aquella desconocida. Esos son los  gestos que te sacan una sonrisa cuando sentís que estas flotando en un mar de mierda y que nada puede ser peor.

Le agradecimos con el corazón y le preguntamos su nombre para no olvidarla. Erminda, repito para mis adentros mientras  saco del bolsillo de la mochilas una obsidiana (piedra volcánica que abunda en las Islas Canarias) y se la regalo, ella la mira, la ve brillante y sonríe, veo que le gusta. Mientras la guarda en su bolsillo nos alejamos porque  nuestro bus ya había llegado y teníamos que irnos. Esta foto la sacamos desde el bus cuando arrancaba, para no olvidarnos que la felicidad es un instante y tiene mil caras…

 

…Si leyeron hasta acá sepan que acaban de leer un relato ficticio, si, falso. La verdad es que sacamos esta foto desde el coche, en movimiento en un pueblo llamado San Andrés, en la Isla de El Hierro  (España) hace un par de meses.

Este relato de ficción busca motivar una pregunta e intenta ensayar algunas respuestas. ¿Cuál es valor de verdad de una imagen? ¿Importa si el relato es real o ficticio a la hora de juzgar una historia?

En épocas de tanto Instagram y tanto viajero influencer, en épocas donde todo es accesible a través de un hashtag vale la pena detenernos  y pensar donde trazar los limites. Susan Sontag en Ante el dolor de los demás (2003) dice

     No cabe duda alguna sobre la autenticidad de lo mostrado en la foto que en febrero de 1968, Eddie Adams hizo  del jefe de la policía nacional de Vietnam del Sur, mientras dispara a un sospechoso del Vietcong en una calle de Saigón. Sin embargo, esta imagen fue montada por el general Loan, el cual había conducido al prisionero, con las manos atadas a la espalda, afuera, a la calle, donde estaban reunidos los periodistas; el general no habría llevado a cabo la sumaria ejecución allí si ellos no hubiesen estado a su disposición para atestiguarla. Situado junto a su prisionero a fin de que su perfil y el rostro de la víctima fueran visibles para las cámaras situadas detrás de él, Loan apuntó a quemarropa. La foto de Adams muestra el instante en que se ha disparado la bala; el muerto, con una mueca, no ha empezado aun a caer.

¿Entonces la foto es falsa? No, bueno, no del todo al menos, los hechos ocurrieron efectivamente. Quizás su valor de verdad hubiese aumentado si el fotógrafo hubiese elegido abrir la toma y capturar toda la escena incluidos periodistas y fotógrafos preparados para disparar (junto con el verdugo) sus flashes. O quizás no, o puede que para el caso sea lo mismo

Por eso la pregunta, por eso nos preguntamos qué responsabilidad tenemos cuando sacamos y publicamos una imagen. Si bien sería idiota comparar la responsabilidad detrás de una foto como la de Adams con la foto de tus vacaciones que retocaste una y mil veces para que se viera mejor, no está de más realizar este ejercicio.

Quizás sea la forma de combatir tanto postureo en las redes sociales o quizás sea una utopía digna de la nostalgia por los tiempos analógicos que fueron y ya no son. Aun así vale la pena intentarlo, para quien quiera leer, para quien se atreva a mirar con otros ojos, para el que llegó hasta acá leyendo …  🙂

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