Imponente Cotopaxi y una visita al Mariscal

Irnos ya no resulta extraño. Cuando uno abraza de una u otra forma esta vida nómada, entiende que todas las alegrías de la bienvenida traen aparejadas consigo la tristeza de la despedida. Otra vez dejamos atrás Ayampe inundados de gratitud por todas las nuevas experiencias vividas, los aprendizajes, los amigos, el mar, la selva y el río.

Los autobuses ecuatorianos son realmente muy baratos (podes esperar un trayecto de 8 o 9 horas por apenas $15) y conectan con facilidad a casi todas las regiones mas importantes del país. Llegar a Quito no fue difícil, (nunca lo es) tampoco fue ajeno, ya que estuvimos ahi en nuestro viaje anterior en 2014. De todas formas la capital ecuatoriana solo nos retuvo unas horas, lo suficiente para comprar un pasaje hacia Latacunga y conseguir agua para el mate.

  Una aclaración: como argentina y tomadora de mate que soy, siempre estoy al acecho de yerba y agua caliente en todos los lugares por los que paso mientras viajo. Debo decir que si bien no es imposible conseguir yerba en Ecuador, es bastante raro dar con la persona indicada que en un día de muy buen humor acceda a llenarte el termo de agua caliente. Y aquí no hago muchas distinciones, sólo pido que el agua este suficientemente caliente y que no me miren con cara de odio ante mi inusual pedido. Aclaro que nunca es gratis, siempre pago por el servicio entre $ 0,50 y $ 2 USD, cosa que no resulta extraña en el país donde los baños públicos se pagan, siempre. ido va aquí

Tengo sueño y frio, el clima de la sierra te da la bienvenida y te recuerda que ya no estas en la costa. Un amigo de Ayampe nos invita a pasar unos días en su casa de Latacunga. Mariscal que conoce cada rincón de la zona nos ofrece su hospitalidad y su guía desde el principio. Del bus debemos bajarnos en un paraje llamado La Abelina, donde el  ya nos estaba esperando y agradezco el gesto de corazón. Llegar a un lugar nuevo siempre es más lindo cuando hay alguien que apenas hace contacto visual con vos, te sonrie, y en ese simple gesto te reconoce, te invita, te da la bienvenida, eso hace que todo, al menos en principio, sea mas fácil.

De un salto nos trepamos a la camioneta que tantas veces nos llevó a Pto. López a hacer las compras al mercado y que hoy ronronea entre las calles de tierra de la Abelina. Yuraq y Yana nos dan la bienvenida moviendo las colas amistosamente cuando por fin llegamos a la casa. . Es así que por fin, luego de un viaje largo, logramos dejar las mochilas en lo que será nuestra habitación por un par de días, calentar agua para el mate y salir a disfrutar de los primeros rayos de sol que calientan la mañana.

 

Imponente Cotopaxi Y Una Visita Al Mariscal

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Los días siguientes fluyen con mucha naturalidad. El mercado de SALQUISILI nos regala una explosión a nivel sensorial. Paleta de colores infinita, todos los aromas posibles, miradas, tensión, sonidos de todo tipo, energía vibrando por donde sea. Desde un quintal de papas hasta un tónico para la virilidad masculina, pasando por toda clase de electrodomésticos, animales (vivos y muertos) allí todo tipo de intercambio es valido. Los mercados de cada pueblo, de cada ciudad, dicen mucho sobre la sociedad que le da vida una o dos veces en semana. La música se confunde y se vuelve indistinguible, al igual que el kichwa se mezcla con el español y todos conviven en una danza tribal de intercambio que mantiene su equilibrio gracias a algo mas que la oferta y la demanda. En los mercados, no son sólo las mercancías las que se intercambian por un precio negociado, con esa transacción viene incluido el intercambio humano, el saludo, la historia atrás de cada producto. Una carga de sentido que viene adherida al producto y revaloriza el intercambio. Un pedacito de cada uno de los vendedores se va con el producto vendido a la casa del comprador.

Luego de un rato, ya abastecidos volvemos a la casa donde, Polito cocina un locro de papa que triunfa como el plato estrella en las noches frías de la región del Cotopaxi. La chimenea de la biblioteca arde y acompaña las historias antes de la hora de dormir. La vida es linda y nos lo recuerda en cada oportunidad que tenemos de disfrutar del fuego, la rica comida y la buena compañía.

Pasan los días y nosotros que venimos de realidades completamente diferentes nos sorprendemos ante situaciones cotidianas. En este valle rodeado de volcanes, dominado aun por la agricultura y la ganadería, salir a dar una paseo un domingo por la mañana incluye la posibilidad de presenciar el nacimiento de un ternero a pocos metros y a nosotros nos encanta. Del mismo modo, resulta absolutamente legitimo tomar prisionero un ternero que atado por su dueño, pastaba en la propiedad de Mariscal . La escena, incluye el traslado del acusado, la detención del mismo en un lugar aislado y el posterior reclamo de su propietaria con la promesa de que no se volvería a repetir tal situación.

Cotopaxi

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El parque nacional del Cotopaxi se convierte casi sin duda en la estrella de esta primer parada. Paisajes andinos de ensueño y un recorrido sumamente interactivo por el parque nos dibuja una sonrisa constante en la cara. Mariscal que conduce por los caminos polvorientos con gran conocimiento del terreno, lanza nombres por aquí y por allá mientras que señala los distintos volcanes. El paseo incluye una parada técnica a la orilla de una laguna, donde refugiados del viento y al mejor estilo playero, sacamos de la galera unos bocadillos de tortilla que nos dierpn la energía necesaria para continuar con el recorrido. Y ya cuando parecía que nos íbamos a quedar con las ganas, que a pesar de la belleza del parque, el famoso Cotopaxi iba a conservar sus nubes de pudor y no iba a dejarse fotografiar por completo… ya con las ultimas luces del día pudimos capturar esta imagen y decir que todo valió la pena, que todo, siempre, vale la pena.