GRANDES CONTRASTES: DE PUNO A CUSCO

Estábamos de nuevo en ruta, 6 horas nos quedaban por delante. Ésta vez, unos buenos sillones, sandwichs de jamón y queso, en mi caso, ya que Agus es vegetariana, para ella sin jamón, y arrancamos, eran las 9:30 pm. Como no habíamos comido nada, lo primero que hicimos fue cenar, para así intentar dormir lo máximo posible, ya que llegábamos a Cuzco sobre las 5:00am y teníamos que ponernos en marcha para conseguir hostal, etc.

Todo parecía ir sobre ruedas, una cena que aunque fueran sandwichs nos supieron a gloria, cascos para escuchar música, buenos asientos, y silencio como para pegarnos un buen sueño. A nuestro alrededor, la mayoría eran locales, a mi lado, Agustina, que no tardó ni 5 minutos en cerrar los ojos y ponerse a soñar. Pasaban los minutos, y sin saber porque, empiezo a sentirme raro. Primero y extraño, no podía conciliar el sueño, cosa rara en mí, porque puedo dormirme hasta de pie. Además, dos señores de mi lado empiezan con una sinfonía de ronquidos que jamás había escuchado antes, por lo que, imposible poder cerrar los ojos y hacer caso omiso de la sintonía. Empiezo a ponerme nervioso. Recuerdo que mis auriculares están en mi mochila, por lo que apresuradamente los cojo y me los enchufo en los oídos. Un poquito de Eddie Veeder, luego Iron Maiden, Deep Purple, pero mi cabeza no lograba distraerse y dormir. Empiezo a notar que mi respiración se acelera, el calor aumenta, me duele el estómago, y los caballeros de mi lado siguen con su concierto en do mayor. Parece que el tiempo no pasa, miro el reloj y todavía quedan 4 horas de viaje. ¿Qué me pasa? No entiendo nada, jamás en la vida me había ocurrido algo así, ni en aviones, ni en un tren de 30 horas, ni nada por el estilo, pero en eso consisten los viajes. De todo se aprende, y ese día aprendí, que mi cuerpo y mi mente también llegan al límite.

De repente, la guagua hace una parada, veo que algunos de los locales se bajan, y rápidamente, cojo mi tabaco, y le pregunto a uno de los que trabajan allí que si me da tiempo de fumar; sin problema, me dice, tenemos 5 minutos. Por lo que rápidamente me lio mi tabaco y salgo a fumar. Cuando termino y entro siento que mi cuerpo empieza poco a poco a relajarse, además, claro está de las palabras relajantes de Agus, que sorprendida de verme abanicándome con la gorra, intenta que me relaje. También, me sede su mp3, y me da la oportunidad de conocer a Bon Iver, artista americano de música que no tiene nada que ver con mis Iron Maiden o Black Saabat…

Sacando conclusiones, y sin contar los ronquidos de los compañeros de viaje que pertenecían a la orquesta sinfónica del Perú, no es conveniente para mí, intentar dormir con Iron Maiden, es algo que aprendí en este viaje en guagua, para patinar, de acuerdo, pero para dormir no es algo que te ayude, o por lo menos a mí.

5:00 am y llegamos a Cusco. Todavía es de noche, ya estoy bien, nos bajamos de la guagua, cojemos nuestras mochilas, y nos disponemos a salir a la calle a buscar hostal. Como de costumbre, se produce la avalancha de vendedores de hostales, hoteles, humitas, choclos, taxis, … Hasta que una señora amablemente, nos ofrece un hostal muy barato ( 15 Soles = 5 € aprox.) con habitación privada, baño privado, justamente en el centro de la ciudad, parecía muy confortable, y sin pensarlo decidimos quedarnos con el, claro está, además de los 6 soles que nos cobra el taxista para llegar al hostal.

5 minutos después llegamos, dejamos nuestras cosas, y a dormir, una siesta reparadora en mi caso ya que no había pegado ojo prácticamente.

Como a las 8:30 am nos despertamos, desayunamos y listos para empezar a recorrer la ciudad de Cusco, de la cual, teníamos muy buenas referencias.

Nos dedicamos esa misma mañana a recorrer el centro de la ciudad, viendo sus monumentos más representativos, la famosa Plaza de Armas, ¡Bonita Ciudad! La verdad que nada que ver con lo que habíamos visto en Puno. Además, también  buscando información sobre las ruinas de Machu Pichu.

5 minutos después llegamos, dejamos nuestras cosas, y a dormir, una siesta reparadora en mi caso ya que no había pegado ojo prácticamente.

Como a las 8:30 am nos despertamos, desayunamos y listos para empezar a recorrer la ciudad de Cusco, de la cual, teníamos muy buenas referencias.

Nos dedicamos esa misma mañana a recorrer el centro de la ciudad, viendo sus monumentos más representativos, la famosa Plaza de Armas, ¡Bonita Ciudad! La verdad que nada que ver con lo que habíamos visto en Puno. Además, también  buscando información sobre las ruinas de Machu Pichu

Hartos de que todos nos vendieran lo mismo, nos fuimos a información turística, y D. Guillermo, muy amablemente, un chico joven y muy amable, nos descubre la forma de ir hasta las ruinas, de la forma más barata, que era simplemente coger dos guaguas, y seguidamente, dos pateos de unas 2 horas cada uno, en total, unos 30 soles, es decir, unos 10 € aproximadamente, BASTANTE DIFERENCIA!!

Contentos por nuestro hallazgo, nos fuimos a comer, y seguidamente, al hostal, a dormir la siesta, que aunque se diga que es un invento español, está muy arraigada en los países americanos, jajja. Por la tarde, nos fuimos a  comprar las entradas para el Machu Pichu, luego hasta la estación de guaguas de de donde salía la primera de las dos guaguas que teníamos que coger para llegar a las ruinas, compramos nuestros tickets, y contentos, a un súper para comprar la cena, además de algo para comer en el trayecto de buses hasta Machu Pichu.

En conclusión, Cusco, nos ha parecido una ciudad muy linda, en sentido arquitectónico, pero que está muy preparada para sacarle el jugo a los turistas, pero bueno, supongo que en eso consiste parte de la vida, ya que no tienes que llegar a esta ciudad para darte cuenta de que quien vive en el turismo trata de sacarle todo el partido a lo que esto conlleva. Desgraciadamente o afortunadamente estábamos allí y teníamos que lidiar con todo esto. Ah por cierto, espero que el peruano que se haya encontrado mi movil lo esté disfrutando, anécdota que no podía pasar por alto.

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