Frontera Ecuador – Colombia: Una nueva odisea entre Tulcán e Ipiales

Dejamos Ecuador atrás, o al menos eso intentamos. En un cruce de fronteras, como todo aquel que alguna vez tuvo que atravesar esa situación sabe, puede ocurrir de todo.

Nosotros llegábamos a Quitumbe (terminal terrestre de la ciudad de Quito) desde el Oriente, desde la ciudad de Tena mas precisamente. En un viaje de apenas ocho horas disfrutamos de unos contrastes increíbles, no sólo a nivel paisajístico sino climático, el calor y la humedad de la amazonía los cambiamos por el clima seco y frio de la altura quiteña. Nuestro plan era cruzar la frontera de día, así que nos tocó esperar hasta la madrugada para tomar el bus con destino a la ciudad fronteriza de Tulcán. Salimos a la 1am y llegamos a las 5am a destino en un bus que prometía un viaje de 6 horas pero lo hizo en 5. Tímidamente esperamos a que amanezca, cambiamos unos pocos dolares a pesos colombianos sin saber siquiera si era buen o mal cambio y nos tomamos un taxi (3Usd) hasta la frontera.

Recién al bajarnos del coche nos dimos cuenta de la situación. Ya era casi de día y se podía ver una fila de casi 300 mts que salia de la oficina de migraciones ecuatoriana. Fueron cinco horas de espera, cinco horas que tardamos en sellar la salida de Ecuador para luego cruzar caminando el puente que divide a este país de su vecino Colombia. La explicación? Creo no exagerar si digo que cientos de venezolanos con sus respectivas familias y variadas pertenencias intentaban sellar la entrada al Ecuador. Todos sabemos la dura situación que están atravesando los venezolanos en este momento, lo vemos por las noticias, nos lo cuentan en todas partes, pero verlo así, tan en primera persona es realmente impactante. Un grupo de tres chicos delante nuestro compran arepas y café a un vendedor ambulante, los tres vienen de Venezuela, atravesaron Colombia y se dirigen hacia Sudamérica, dos de ellos hasta Perú y un tercero hasta Argentina según nos cuentan. Los tres tienen familia y niños pequeños que dependen de lo que ellos puedan conseguir para enviarles dinero. Las historias son muy similares y muy duras, rápidamente entendemos que quejarnos de nuestra suerte por tan larga espera sería estúpido, así que aguantamos estoicamente la fila eterna como todo hijo de vecino.

Cinco horas después estábamos oficialmente en Colombia, sellar la entrada fue un tramite mucho mas rápido en este caso así que ya mas relajados, nos pusimos en modo “como coño llego desde aquí hasta mi destino” jajaja. Y aquí empieza otra gran aventura un poco desventurada. Muchas personas se te acercan ofreciéndote transporte hacia varios sitios en la frontera colombiana, nosotros queríamos llegar hasta la ciudad de Popayán, así que luego de negociar un poco el precio (siempre son negociables los precios de los buses en Colombia) pagamos algo así como 25 Usd cada uno por un bus que en 9 horas y con escala en la ciudad de Pasto nos llevaría finalmente hacia Popayán. Como nuestro bus no salía de allí mismo sino desde la terminal de Ipiales ubicada a sólo 10 minutos de la frontera, la misma compañía de bus nos pagó un taxi hasta allí (es una practica muy normal que utilizan las empresas para convencerte de que compres tu ticket con ellos). Hasta allí todo bien, subimos al bus, nos esperaba un viaje largo así que nos relajamos y nos dormimos. La primera parada del bus, en Pasto ya nos traería una sorpresa, un control de transito le impide continuar viaje a nuestro vehículo por tener las ruedas lisas y no aptas para ese trayecto. El chofer nos dice que el se encarga de que lleguemos en tiempo y forma a destino y nos ubica a los pasajeros que teníamos como destino final Popayán en el bus de otra empresa que realiza en mismo recorrido. A pesar del inconveniente y emocionados por estar ya en Colombia, continuamos el viaje sin problemas, disfrutando de los paisaje mientras comemos algo y tomamos mate (aquí fue la primera vez que tuve que explicar que mi mate no era una pipa y que su contenido no era marihuana, a lo largo del viaje ya sería una escena recurrente).

Ya era de noche cuando en una curva escuchamos un golpe fuerte, un jeep había doblado muy abierto y chocado el costado del bus. Un incidente leve por suerte ya que nadie resultó herido y sólo quedaba esperar a que llegue la policía para organizar el transito y un bus de la compañía venga a nuestro rescate. Para nuestra sorpresa, una hora después nada de esto había ocurrido, los propios vecinos de la zona comenzaron a intentar ordenar el transito, bueno ordenar es una forma de decir, las mulas (como llaman los colombianos a los camiones gigantescos que transportan cualquier tipo de carga, inclusive combustible) seguían pasando por un costado de la carretera haciendo maniobras muy riesgosas para esquivarnos a nosotros y al jeep que había quedado bloqueando casi toda la carretera.

Nosotros imitando un poco el comportamiento de los demás pasajeros nos bajamos del bus, agarramos nuestras mochilas y esperamos a un costado. En un momento el chofer que no dejaba de caminar de aquí para allá hablando por teléfono le hace señas al conductor de otro bus que pasaba y le pide que nos haga el favor de llevarnos hasta Popayán que estaba sólo a una hora de donde ocurrió el accidente. A toda velocidad subimos al bus que iba completamente vacío, ahí mismo nos damos cuenta que estábamos nosotros solos y una pareja más que claramente no eran turistas intentando llegar a la bendita ciudad de Popayán. Una hora después el bus se detiene y el conductor nos explica que no puede entrar a la Ciudad por que no tiene permiso, una forma sutil de decir que hace transportes ilegales y no quiere tener problemas con las autoridades. Así que nos bajamos en el cruce de dos grandes carreteras, en el medio de la noche vaya uno a saber a cuanta distancia de la terminal de Popayán. Muy consciente de lo “presa fácil” que íbamos a ser ahí paraditos en una esquina en medio de la noche, el Chofer le hace señas a un taxi al que nos subimos de un salto y en tiempo récord y que por fin nos llevaría a destino. Gracias a esas casualidades del destino ya teníamos un hostel reservado para esa noche al que llegamos completamente agotados y maldiciendo nuestra suerte al mismo tiempo que agradecíamos que ese largo día por fin, acabe.

Hay veces que las cosas no salen de la forma que uno las planea, hay otras que no salen ni siquiera parecido a la forma en que uno las planea y maldecimos nuestra suerte y nos preguntamos por que, porque a nosotros? La verdad es que todos sabemos lo inevitable de estos momentos cuando uno viaja de esta forma, del mismo modo que sabemos que estas situaciones nos ponen a prueba, al mismo tiempo que dan forma al viaje, nos construye a nosotros como viajeros y nos pone las cosas en perspectiva. La ecuación siempre va a ser positiva cuando sabemos apreciar este tipo de imprevistos y entendemos que forman parte de la aventura de salir de nuestra zona de confort. Y es que es así, sin este tipo de cosas no habría anécdotas que contar y el camino para llegar de A a B sería siempre, y para todos, una linea recta.

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