COPACABANA Y EL TITICACA: AGUA AL FIN

Cómo les contamos en el otro post, huimos de La Paz de inmediato. El bus nos dejó en Copacabana al mediodia y muertos de hambre y sueño nos dispusimos a satisfacer esas dos necesidades básicas.

Primero conseguimos un hostal que por 50 bolivianos nos ofrecía habitación privada y baño. Mucho más no se puede pedir por ese precio, así que nos pareció bien y allí nos quedamos (el hostal se llamaba George’s o algo así y queda en la calle principal a media cuadra del lago). Cuando digo que mucho más no se puede pedir es literal, si bien la habitación y el baño estaban muy bien, no había ni wifi ni papel higiénico, aunque eso es bastante común en Bolivia, debo admitir.

Dejamos las cosas y a unos metros encontramos un restaurante que ofrecía sopa, plato, postre y bebida por 25 bolivianos y ahí almorzamos muy bien. Es cierto que si vas al mercado o a lugares más alejados del centro podes encontrar menú por 15 o hasta 10 bolivianos, pero nosotros siempre preferimos comer en lugares que nos inspiren confianza (como dice el dicho ” mejor prevenir que curar”),  pero lo cierto es que hay menú para todos los bolsillos.

Ahora bien, el mercado es un tema particular. Entiendo que sea parte de una cultura, pero a nosotros nos impactó bastante ver la carne arriba de lo mostradores (sin refrigeración alguna), los lácteos por fuera de las heladeras y la suciedad de ese lugar. Lo cierto es que se puede comprar fruta y verdura de lo mas diversa y realmente muy barata. Eso si, los comedores del mercado que ofrecen menú por 10 bolivianos o menos son sólo para aquellos valientes que tengan el estómago de acero, aquellos que no, recomendaría abstenerse de comer en esos sitios.

Copacabana es un pueblo muy bonito que ofrece las clasicas excursiones a la Isla del Sol a las que lamentablemente no fuimos, ya que andábamos bastante cortos de tiempo y de dinero. Aun así es un pueblo muy pintoresco que ofrece unos atardeceres hermosos y es bastante mas barato que Uyuni.

 

Teniendo la frontera tan cerquita no pudimos con las ganas y después de dos noches en Copa, nos despedimos de Bolivia y  decidimos partir hacia Puno, ya en Perú. La frontera está a apenas 15 minutos de viaje y el tramite en migraciones es muy similar al de la frontera entre Argentina y Bolivia. Es importante conservar el papel que te dan al entrar a Bolivia para poder salir y evitar asi demoras y complicaciones en migraciones. Luego de eso unas horas mas de bus y ya estábamos en Perú donde el cambio nos favorece aun menos a los argentinos, al momento de cruzar estaba algo así como 1 uSd = 2,85 soles.

En un primer momento pensamos en pasar la noche en Puno, pero por alguna razón decidimos tomar un bus que salía a las 22 pm hacia Cusco y quedarnos allí sólo a pasar el día. Decisión que fue bastante acertada a mi entender ya que Puno no tiene demasiado que ofrecer, algunos sitios pintorescos, la costa del Titicaca (que es mas bonita del lado boliviano) y ya.

Entonces dejamos las mochilas en la oficina de la empresa de buses y nos tomamos un mototaxi hasta la plaza de armas. Imaginensé algo así como los tuk-tuk tailandeses, una moto devenida en triciclo cubierta con lonas de colores que andan sin ley entre los coches por calles y avenidas, una linda experiencia sin lugar a dudas.

Antes de volver a la terminal pensamos en comprar algo para cenar en el bus, nada del otro mundo, unos sandwichs y una gaseosa, asi que le pedimos a la chica de turismo que nos indique un mercado o similar para comprar esas tres cositas. Literal, la joven nos mandó a uno de esos mercados que tanto habiamos visto en Bolivia donde la cadena de frio es una idea descabellada y la carne arriba de los mostradores es la felicidad de las moscas. Entiendo que puede ser muy normal para algunaspersonas pero no para nosotros al menos, asi que nos fuimos hasta el supermercado que quedaba bastante más lejos y nos alegramos casi hasta las lagrinas al ver lacteos en la heladera, jamon y queso envasado y etiquetado y demás cosas normales de cualquier supermercado de barrio.

Salimos del hipermercado como dos niños de una juguetería, felices de poder armar nuestros propios bocadillos, tomar un jugo envasado rebosante de colorantes y conservantes y hasta nos dimos el lujo de comprar chocolates para el postre.

Y si, es que a veces la felicidad está en esas pequeñas cosas que son tan cotidianas cuando estamos en casa que hasta nos parecen naturales, pero a la distancia y de viaje, en un país que si bien es vecino tiene una cultura tan diferente a la nuestra, darte esos gustos son un motivo más para disfrutar y recordar que estar contentos es una decisión que tomamos todos los días, desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir. Como viajeros siempre estamos agradecidos y abiertos a las cosas que nos pasan y a las personas que nos vamos encontrando en el camino. Aprendemos de todo y siempre pa lante!

Salud colegas, hasta la próxima!

 

Copacabana

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