AYAMPE, CINCO MESES PASARON

Cinco meses pasaron desde que nos tomamos aquel tren que nos sacó de Buenos Aires, y de alguna forma nos arrojó al mundo. Cinco meses desde que dimos el primer paso, con las mochilas cargadísimas de cosas inecesarias que fuimos dejando en el camino para ir más livianos en todo sentido. Cruzamos varias fronteras, caminamos valles, quebradas, montañas, cruzamos ríos y llegamos finalmente al mar. Hoy nuestro día a día tiene otros colores, otros olores y hasta otras formas. Hace tres meses que llegamos a Ecuador y decidimos instalarnos en el pequeño y mágico Ayampe, un pueblo de la costa manabita que nos supo acoger como a muchos otros viajeros que llegan aquí y deciden hacer de este lugar, al menos por un tiempo, su hogar.¿Cómo es Ayampe? Bueno, creo que después de este tiempo podemos decir que Ayampe es un lugar tranquilo.

Vivimos en un lugar donde los chicos juegan en la calle hasta tarde. Un lugar donde los gallos cantan a las 5 de la mañana, a las 3 de la tarde o a las 10 de la noche, ellos como la mayoría de los que vivimos aquí prescinden bastante de los relojes. Algunas noches terminamos de cenar y nos vamos a fumar a la playa y a observar asombrados el plancton bioluminiscente, un espectáculo natural que ilumina las olas en las oscuridad como si miles de lucecitas se encendieran al mismo tiempo y luego se apagaran así sin más. Un sitio donde si querés decirle algo a un amigo, vas y le tocas la puerta de su casa o lo buscas en la playa, el whatsapp, por ejemplo, ya no cumple esa función aquí. Vivimos en un lugar donde todos se saludan con todos, si, con los turistas también. Desde el primer día nos pareció una costumbre hermosa que adoptamos como la mayoría que decide pasar un tiempo aquí.

Vivimos en el paraíso? Depende, el paraíso de cada uno es algo demasiado personal, podemos decir en cambio, que vivimos como queremos y donde queremos. Cerquita del mar, que por suerte podemos ver desde el balcón y rodeados de gente linda que nos hace la estadía lejos de los seres queridos más fácil. Haber hecho esta parada tan larga en el camino viajero que elegimos, fue una decisión que no tomamos muy conscientemente, sino que ocurrió. Llega un momento que tener un lugar al que volver y llamar “casa” se vuelve necesario y hasta bonito. Las cosas cotidianas, que al principio nos llamaban la atención; cómo encontrar tortugas en la playa, caballitos de mar, obnservar en plena mañana como mas de cincuenta personas del pueblo sacan del mar una red que habían dejado el día anterior, etc, hoy nos son más habituales aunque no dejan de sorprendernos gratamente. Está bien, no todo es color de rosa, hay días que la música de los vecinos esta tan alta que se complica dormir o días en que los mosquitos no dan tregua y no hay repelente, pantalón largo o palo santo que aguante. Días que resulta molesto tener que esperar el bus para ir a Puerto López (una ciudad relativamente más grande que queda a 20 minutos de aquí) a comprar cosas, teniendo en cuenta el intenso calor que casi siempre nos acompaña.Bus en el que por cierto se mueve la mayoría de la gente de la zona que no tiene coche, es decir que ahí te encontrás de todo. Desde locales hasta gringos, todos mezcladitos en una especie de gusano gigante que se mueve por la ruta. Es distinto, si, es bastante diferente a los lugares de donde venimos, pero aun así nos gusta y lo seguimos eligiendo. Los lujos, por ejemplo son algo que quedó atrás, Llamese lujo a un aire acondicionado, una heladera decente, un horno, mucha ropa entre la cual elegir lo que vas a usar dependiendo el día, pedir un delivery de pizza o lo que sea que se puedan imaginar. Todo tiene su parte buena y su parte mala y de todo se aprende, y nosotros en eso estamos, aprendiendo todo el tiempo.

Ninguno de nosotros se olvidó de su tierra, de su gente y de su familia, al contrario, los recordamos cada día en alguna anécdota, algún comentario o alguna cosa que decimos. Nos contamos mutuamente cosas de nuestros lugares, cosas que sin duda algún día compartiremos, cuando nos toque estar de vuelta en casa y abrazar a todas esas personas que extrañamos. Hoy decidimos estar acá, hoy decidimos que Ayampe sea nuestra casa y compartir desde aquí. Mañana como siempre es un misterio, hay días que miramos las mochilas ahí guardadas y nos dan muchísimas ganas de volver a armarlas, a cargarlas de nuevos sueños y volver a arrancar. Pero también sabemos que nos queda mucho por ver y hacer aquí, lo bueno de todo eso es la libertad que sentimos a la hora de elegir dónde, cómo y con quién queremos vivir el hoy que es, sin lugar a dudas, un regalo. Nos hacen felices pequeñas grandes cosas del día a día, como cocinar cosas ricas con amigos o compartir una puesta de sol desde el agua, esperando la próxima ola con un arcoíris de fondo que cruza todo el pueblo.

Seguimos en camino, seguimos motivados y con la certeza de que el mundo es enorme, que aún queda mucha tierra por pisar y que queremos caminarla juntos. Mañana estaremos por otras latitudes, o no, quien sabe, por el momento podemos decir que encontramos un pequeño lugar del mundo al que hoy llamamos home.

AYAMPE

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