ANDAR EN TREN, ES DE LO MEJOR

Retiro. 7 am. El tren que nos lleva directo a Tucumán (bueno, directo es sólo una forma de decir) sale a las 08:30. Llegamos con tiempo de sobra y un diluvio como pocos en Buenos Aires, apenas 5 minutos pasaron y nos enteramos que el tren va a salir con un pequeño retraso (pequeño también es una forma de decir ya que la salida estaba prevista para las 16hs aprox).

Bueno, buena cara, ya estamos acá, un imprevisto es un imprevisto.
No quedaba otra opción más que esperar, así que elegimos el lugar mas seco de la estación para sentarnos a esperar y desayunar algo. No sé cómo se nos ocurre ir hasta las boleterías y preguntar si podiamos cambiar nuestro boleto de turista por un boleto en primera clase, nos dicen que si, que hay pasajes así que abonamos la diferencia (25$) y ya tenemos al menos un viaje más cómodo asegurado. El tren de la empresaFerrocentral que hace el trayecto Buenos Aires-Tucumán ofrece cuatro clases diferentes: Camarote  ($400 para dos personas, incluye desayuno), pullman ($120 aire acondicionado y butacas tipo omnibus larga distancia), primera ($70 butacas reclinables)  y turista ($45)*. En un principio no creimos que hubiera diferencia entre el boleto de turista que teníamos nosotros y el de primera clase que es con el que fectivamente viajamos, mas tarde nos daríamos cuenta que si, que tomamos una buena decisión al cambiarlo.

El tren finalmente parte de la estación Retiro a las 18 hs, dos horas más tarde de lo previsto por un problema con una formación que se había quedado en la misma vía que nuestro tren utilizaba, nada mal teniendo en cuenta lo que ya habíamos esperado. Teníamos por delante un largo viaje, 30 horas precisamente.

Cómo les comentamos el cambio de clase por la diferencia de precio valió la pena. En primera clase los asientos se reclinan y hasta hay ventiladores en el techo! Parece un detalle pero el calor en ciertos tramos se hace sentir no así el frio, aunque a la noche hay calefacción en el vagón de primera.

Buenos Aires, Santa Fe, Santiago del Estero y por fin Tucumán; un viaje sumamente cansador pero que vale la pena. El tren siempre te deja ver otra realidad que no pasa en los buses, la mayoría de las personas que nos cruzamos viajaban habitualmente en el tren, algunos volvían de visitar a sus familias y otros iban. Pocos turistas, muchos viajeros, eso siempre es bueno.
Por fin llegamos a Tucuman alrededor de las 22:30 donde nos esperaba mi gran amigo Lucas que nos llevó a dar un breve paseo por el centro histórico y a comer algo decente (por fiiiin!).

Un detalle: El salón comedor del tren deja mucho que desear, poca variedad (leasé sólo sanguches) y no siempre esta abierto, ah además no te dejan tomar mate ahí. Por eso llevensé toda la comida que crean necesaria para el viaje ya que en las paradas que hace el tren, que por cierto son muy breves, tampoco hay muchos vendedores ambulantes.

 

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