MANIFIESTO

 

No, no es que un día mandas todo a la mierda, compras un pasaje y desapareces. al menos no en mi caso. Irse es una idea que va madurando con el tiempo, muchas veces en silencio y en la oscuridad.  La idea de viajar, o las ganas al menos, es como una semilla que no plantaste. Una semilla que arrastró el viento y ahí quedó, esperando por años a que las condiciones fueran las idóneas para germinar.

Y germinó, germinó, creció, floreció y dio frutos y los frutos se cayeron y un día te diste cuenta que la partida era inminente, pero ¿cómo ocurrió todo ese proceso? ¿en qué momento decidiste dejarlo todo e irte? Muchas veces me hago esa pregunta, muchas veces me recuerdo a mi misma cuántas amarras tuve que soltar para poder salir sin salir corriendo, sin escapa-me. Porque huir no sirve, porque desde siempre supiste que todo lo que te atormenta te lo llevas con vos de viaje, en la valija, en la mochila, al hombro o como sea, pero te lo llevas;  sino sos consciente de eso te lo llevas con vos. Entonces da igual si estas en Tanzania, Cuenca o Wisconsin, tu cabeza sigue pegada a tus hombros.


Cierro los ojos y lo veo. En el asiento de atrás del auto, papá maneja, yo miro por la ventana, miro las caras de las personas, los paisajes, las caras de nuevo y la curiosidad es siempre lo que me abruma. ¿Qué harán? ¿De qué vivirán? ¿ Qué les dolerá? ¿Qué los hará sonreír? ¿Cómo será ser ellos? El motor del viaje puede ser cualquiera, pero desde siempre el mío fue la curiosidad. Por eso no hay recetas ni decálogos mágicos para viajar, para animarte a salir, un día simplemente vas a mirar atrás y decir lo hice, lo logré.

Yo viaje millones de kilómetros en mi cabeza antes de sacar el primer pie. Entonces un día en modo flaneur  en un subte mágico (ya inexistente-de-la-linea-A) pude dibujar y unir con una linea de puntos a un hombre que comía una fruta parado en el andén con  un tipo que va pelando a machete el monte  mientras silba una marcha militar en la selva ecuatoriana. Esa vez lo escribí (lo escribimos) se lo conté al que quisiera leer, pero me lo conté a mi, que eso era lo importante al fin y al cabo. Yo tenía que contarme esa historia con puntos y comas y lágrimas y muelas apretadas y todo para entender lo que venía después. Y el después vino un día como cualquier otro, un día de calor cuando decidí aceptar una propuesta y tomarme un avión.

Entonces fui lejos, lejos para encontrarme acompañada y luego sola y acompañada de nuevo para volver a estar sola. Fui diferente, fui muchas, fui una mujer que vivía sola en un lugar donde faltaba todo pero sobraba una cama, fui una persona que durante días y días se internó en una filmoteca devorando Mekas, Von Trier, Marker, Perlov o cualquier cosa que alejara de la realidad. Pero siempre me volví a ir y de nuevo cambie la oscuridad por la montaña y el mar más azul del mundo. Encontré amor y perdí amor. Como una suma y resta entre los paréntesis perdidos de una ecuación mayor.

Ahí mismo  recorrí el mundo entero en 4 horas de pateo montaña abajo. Ese día fue otro click, pero lo curioso es que fue un click doble, lo escuché en mi cabeza y aguzando el oído también lo escuche en su cabeza que venía unos pasos detras mio. A los meses ya volábamos bajito pero con altas expectativas. Como las aves que vuelan formando una punta de flecha, así mismo nos agrupamos para aprovechar el impulso del otro, recorrer camino juntos y optimizar la energía.

Salir de la zona de confort no es fácil, pero tampoco es imposible. Las dudas y los miedos son parte del camino, hay que abrazarlos, reconocerlos y seguir adelante. No sirven las recetas, pero siempre podemos encontrar inspiración en los lugares que menos lo imaginamos. El mundo está ahí afuera, a la vuelta de la esquina, si es lo que querés salí a buscarlo. Nunca sabés cuanto tiempo te queda, así que viví, viví sabiendo eso, que el tiempo que te queda de gracia en esta tierra es limitado y desconocido.

Tener presente la finitud de ese tiempo no es un pensamiento negativo, sino una idea que tiene que impulsarnos hacia adelante, hacia lo desconocido, hacia el camino. Muchas veces me preguntaba :¿Te vas a quedar toda tu vida en la misma esquina del planeta, haciendo lo mismo (por más significante que sea) rodeado de las mismas personas (por cuanto que las ames), repitiendo los mismos patrones sociales que las generaciones anteriores y las anteriores y así? ¿Esta es la forma en que querés vivir el resto de tu vida?

Nunca tuve respuesta, pensaba que una respuesta a semejante pregunta era algo clave, algo vital y trascendente. Un día simplemente me dije que nada permanece igual, yo no soy la misma que fui ni la misma que voy a ser, así que mi respuesta fue temporal también y que esta persona que soy en este preciso momento, esta alineación específica de moléculas hoy quiere esto, y mañana se verá, si es que tal cosa existe, si es que esa alineación no cambia, si es que aun sigo acá.

 

A.